METACINE, Marta Fernández Penas

V.O.S. es la tercera película del director catalán Cesc Gay, y está basada en la obra de teatro con el mismo nombre escrita por Carol López, y protagonizada enteramente por un elenco de cuatro actores: Ágata Roca, Andrés Herrera, Vicenta Ndongo y Paul Berrondo.

El director se enamoró de la obra y decidió llevarla al cine. En ella se retoma una vez más la problemática del amor con sus celos, infidelidades y soledades compartidas, pero consciente de que un tema tan manido necesita de algún toque original, Gay ha recurrido al metacine.

En su propuesta lo importante no es la historia. Es más, Gay nos obliga a salir constantemente de ella para hacernos ver que todo es pura ficción. Nos permite ver los entresijos de la narración, pero todo, si bien es verdad, de una forma bastante superficial. Cine dentro del cine como una forma de hacer inverosímil un discurso, que de por sí no tendría el menor interés.

Sí, toda la película juega con la idea de manipulación. De ahí que haya recurrido a la idea del cine dentro del cine, que le daba a todo una lectura diferente. Lo importante aquí son las mentiras de la ficción más que las propias tramas de los actores, quería enfrentar al espectador con esa sensación de que todo es manipulable, según se cuente. […] me gusta que el cine parta de la realidad pero para llevarme a otro lugar.
Cesc Gay

La película nos cuenta la historia de cuatro amigos. Por un lado, Clara y Manu planean tener un hijo juntos a pesar de no estar enamorados, y por otro, nos encontramos con Vicky y Ander que quieren formalizar una relación predispuesta a fracasar. La trama deriva simple y llanamente en el intercambio de parejas.

Estamos ante un continuo flashback que supuestamente va escribiéndose sobre la marcha. Esto es aderezado con una intención explícita de confundir al espectador que ve cómo la sencilla historia se va complicando al ser contada a "su manera" por cada uno de los cuatro protagonistas que, incluso, llegan a parar la narración para culparse de la falta de verosimilitud.

Tal y como ha apuntado el propio director, al hacer esta adaptación pensó en Y la nave va de Fellini, en algunas películas de Lars Von Trier, y en la utilización del plató en Dogville. De este modo, Gay ha decidido situar la historia casi por completo en un plató en el que los protagonistas se mueven conscientes de su artificialidad.

A pesar de ser catalogada como comedia, V.O.S. también tiene toques claramente dramáticos, como los que expresan la soledad de los domingos lluviosos y el egoísmo innato del hombre (y la mujer) en lo que se refiere a asuntos de amor.

Al mas puro estilo Allen, Gay mezcla lo trágico y lo cómico con diálogos rápidos e irónicos, como el que se produce cuando una de las protagonistas, Vicenta Ndongo se entera de la infidelidad de su pareja. Sin lugar a dudas, el momento más cómico de la película que consigue, a pesar de lo dramático de la situación, arrancar una carcajada generalizada en la sala.

Se trata, por tanto, de una película sencilla desde el punto de vista formal, pero que encierra a su vez cierta complejidad al intentar plasmar los difusos límites entre realidad y ficción. En definitiva, estamos ante un claro ejemplo de metacine, en el que la manipulación es puesta en evidencia ante el espectador, que a pesar de ser consciente del truco se deja llevar por una historia cien mil veces ya contada.

V.O.S.