EL ÚLTIMO CABALLO

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Decía recientemente el escritor argentino Alan Pauls que la figura del último es siempre anacrónica, pues el último siempre habita en un tiempo que no es el suyo, porque él pertenece al pasado inmediato. Sin embargo, el último es por esta misma razón el primero, ya que se encuentra a caballo entre el final de una era y el principio de otra. Así el último es el final pero lo último, el último grito es el principio, la novedad. Por esto, la figura del último encierra en su ser una tensión permanente.

Esta reflexión de Alan Pauls me parece que se torna imagen en la película de Neville. Aquí el último caballo habita en la era del motor y la máquina y es el símbolo de un tiempo pasado del que algunos no quieren separarse. Esta postura anacrónica, que se explicita en la defensa de la vida antigua en varias ocasiones durante la película, deviene al final en principio. Principio de una utopía condenada al fracaso y que aspira, a lo sumo, a prolongar el final de una época. " Con gente buena que no falta venceremos al materialismo y al motor " es la frase con la que Fernán Gómez cierra la película e inaugura la utopía. Pero no nos olvidemos de una última cosa: los caballos no son eternos. Como apuntaba Pauls, último es lo que no volverá a pasar.

Iñigo Larrauri




Empezando por el final, un "brindis por el mundo antiguo": el mundo moderno viene a poner en jaque toda una serie de tradiciones, y parece hacerlo de una manera tan fugaz que, a su regreso, un hombre que ha estado haciendo el servicio militar de caballería casi no reconoce el mundo en el que vive. Así es como se tuercen las cosas hacia un mundo violento, donde lo de antes corre peligro de desaparecer, amenazado incluso por las propias tradiciones, pero por las más rudas (los toros), ésas que son lo bastante duras como para sobrevivir.

El último caballo puede ser una historia de soledades, individuos aislados que necesitan de una solidaridad que ya no se encuentra y que ellos se proporcionan: la buena voluntad de uno no es suficiente; la tradición sale demasiado cara. El grupo sí puede protegerla, pero eso es al final. Mientras tanto, la película se desenvuelve triste, fijándose en esa gente sola. Parece tal vez por eso más decaída, pero también en la imagen: disfruto viendo y oyendo Nada, Domingo de Carnaval o Bordadores; El último caballo es más gris, su imagen transpira menos.

Jorge Oter




El sociólogo húngaro Karl Mannheim definió utopía como un distanciamiento entre lo imaginario y lo real que constituye una amenaza para la estabilidad y la permanencia de esa realidad. En esta película de Neville lo real pasa a ser imaginario durante el enclaustramiento del protagonista en el cuartel. Una nueva realidad tecnificada se erige ante sus ojos y el pasado inmediato se torna utópico, una utopía absoluta. Haciendo gala de un individualismo atroz, Fernando se inviste de Quijote dejando todo por su caballo. Mantenerlo implica irremediablemente una anacronía veteada de ciertas dosis de comicidad (fruto del impasse resultante entre lo real y lo imaginario). La consecuencia es el corporativismo oweniano. Ya no es utópico (en cuanto que no entraña amenaza real) sino caduco, el último plano donde cuatro personas se proponen luchar contra el mundo moderno mientras los edificios de la gran ciudad se expanden buscando terrenos urbanizables.

Germán Rodríguez

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