TÚ TAMBIÉN, Germán Rodríguez

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A tenor de los grandes cambios en la era de la información en general, y del sistema audiovisual en particular, cabe destacar cierta democratización en la exhibición de imágenes y sonidos. Término peligroso el de democratización, usado fehacientemente por determinadas instancias para legitimar productos audiovisuales encorsetados y homogeneizados bajo la tiranía de las audiencias en segundo término y de la mercantilización que deriva en alineación mental, en primero.

YouTube se presenta como la panacea del consumo audiovisual a la carta. Apelativo del que hacen alarde las emergentes –y quiméricas- emisiones por cable que en pro de diversificar la oferta audiovisual no hacen sino crear un movimiento centrípeto en torno a ideas y temáticas ya mascadas en los últimos años. Un problema que para los más escépticos –dentro de los cuales me incluyo- no tiene solución, al menos en el ámbito generalista sea en el formato que sea (analógico, cable).

YouTube da la vuelta a esta revolución digital reciente desviando esta presunta democratización hacia el ámbito de la producción. Para decirlo simple y llanamente, cualquiera con un mínimo de recursos puede exhibir dentro de esta plataforma cualquier tipo de contenido1 . Es verdad que el paso del tiempo dará la perspectiva histórica necesaria para evaluar objetivamente el alcance de dicho fenómeno, pero no por ello hay que desdeñar aquellos datos y comportamientos que corroboran su importancia en el presente, tales como convertir un video cómico en el más visto de la historia con casi cien millones de visionados (Evolution of dance, 2005) o el flujo de contenidos entre la plataforma digital y la televisión y viceversa 2 .

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Si bien hay diferentes formas de aproximarse al objeto de investigación, como señalar las características de un lenguaje propio (si lo tiene) o enumerar de forma sintagmática aquellos elementos que la definen; las siguientes líneas tratan de dar respuesta a una pregunta que por obvia no hay que dejarla de lado: ¿Qué significa YouTube? Para este menester es necesario establecer un punto de partida, y para definirlo optaré en primer lugar por considerar cuáles son las bases equivocadas para este estudio. En otras palabras, qué no es:

- YouTube no es la suma de sus microdiscursos (la plétora de clips que tiende al infinito). Discursos que aún estando relacionados en función de un contenido determinado, presentan cierta o total independencia tomados cada uno por sí mismo. Tarea descabellada sería además categorizar las distintas tipologías (videoclips, parodias, cortometrajes, fragmentos, cobres, clases de guitarra y un larguísimo etcétera).

- YouTube no es una entidad acabada, no es un texto cerrado. El lector no sólo consume, sino que también produce o al menos puede producir. La mejor forma de expresarlo sería definirlo como un proceso en infinita finitud, en el sentido de que contiene lo que contiene hasta que contiene algo más, que también es lo que contiene3 .

Estamos así inmersos en un magma inasible e inacabado donde cualquier intento por aprehenderlo es tarea inútil. ¿No habrá un entramado jerárquicamente organizado que de cuenta del objeto? La fragmentación discursiva, característica de la televisión y que es la herencia más clara que ha recibido YouTube, se organiza a través de criterios de orden superior, una unidad estructurante, un macrodiscurso que pansincretiza lo múltiple. La inmediatez, la brevedad y la caducidad de los infinitos mensajes de YouTube, se trascienden, se alargan y se eternizan al subsumir lo concreto en un nivel superior de carácter organizativo.

Preciso es traer a colación el estudio que Requena realizó sobre la televisión en su Discurso televisivo: espectáculo de la postmodernidad, en el cual dispone que todos los discursos que la televisión contiene, responden a otro de tipo estructural: la programación televisiva como macrodiscurso 4 , por el cual la televisión se da a sí misma autonomía y autoreferencia (Requena resume la idea de forma magistral argumentando cómo la gente, en vez de decir voy a ver tal o cual programa, dice voy a ver la tele).

En YouTube, y me adelanto, los contenidos también son reglados por un orden superior, pero obviamente no funcionan así las cosas. No existe una programación ad hoc de carácter diacrónico tal y como se aplica en la televisión. Opera el tiempo de consumo, sin embargo la programación se dispone de forma sincrónica expandiéndose el contenido en constante correspondencia temporal. La plataforma digital elimina el tiempo de un plumazo creando un presente continuo. Ningún texto audiovisual antecede o precede a otro si sabes cómo buscarlo. Dato significativo de este estrangulamiento temporal es cómo las imágenes y sonidos del pasado reviven de forma feroz; y curioso es comprobar cómo los vetustos textos audiovisuales gozan de un excelente éxito en YouTube. Tarea difícil poder visionar a “los stones” en el programa de Ed. Sullivan hace cinco años, por poner un simple ejemplo.

Así, YouTube se convierte en un objeto paradigmático (en contraposición con la organización sintagmática de la televisión) donde a priori todo video es susceptible de ser visto. Esta característica está tan presente en la página web, que permite al lector volver a ver, mediante la repetición, cualquier texto audiovisual. A pesar del empeño de muchos por achacar a YouTube de ser el principal causante de la culminación de un ocaso de la imagen por su exceso, por el asesinato de la imagen por la imagen, creo que precisamente es lo contrario. YouTube da a la imagen un status de eternidad. El microdiscurso posterior no mata al anterior (como sí ocurre en la televisión) donde la interfaz siempre ofrece la posibilidad de revisarlo cuantas veces se quiera. El clip audiovisual parece congelarse en el tiempo por su disponibilidad instantánea, no se queda escondido en un viejo armario de una vieja videoteca. En este sentido se impregna en el presente igualmente un Gran Premio de fórmula 1 de 1972 como la última carrera disputada en 2008. Colgar un video es dejar un rastro de eternidad. Los contenidos no son caducos, gozan de perennidad eterna.

El macrodiscurso se vale de otro: el discurso palimpséstico, la pequeña pantalla virtual negra actúa como la puerta obligatoria por la que todo video debe pasar para ser visto. La nada (el negro es la ausencia de color) se transforma en imagen, en un microdiscurso, en un clip que puede ser sustituido o no a golpe de ratón. Esta pequeña puerta sincretiza todos los elementos de YouTube. En este juego de pantallas me gustaría detenerme en una curiosa disposición de los marcos que, aunque elemental, creo que es altamente interesante. Me referiré a él como un sistema de capas donde en primer lugar se sitúa la pantalla del ordenador que delimita la interfaz y que a su vez enmarca el infinito discurso multimedia que es Internet. Marco físico que recoge la red en forma de imagen. En segundo lugar, la pequeña pantalla de YouTube que re-enmarca los microdiscursos subsumiéndolos de forma plástica a la página en general. Se nos presenta así una pantalla virtual dentro de otra física, un sistema de capas donde lo que queda fuera de la primera es la realidad sensible, y fuera de la segunda la interfaz de YouTube. Dicho de otra manera, lo que queda fuera del marco del monitor es la realidad inmanente , lo que queda fuera de la pantalla virtual es la virtualidad trascendente. Inmanente en el sentido de perecedero, trascendente en el sentido de eterno. Dos mundos claramente separados que van más allá de la mera distinción real - virtual y que responde a la cuestión de eternidad ya aludida. La pequeña pantalla negra se encarga de vincular las dos categorías, un conector que en el momento de exhibir los contenidos, ambos lados van de la mano. YouTube se instaura como una nueva religión en la que quien no comulga no participa de su gracia divina.

Recapitulando, YouTube es una instancia organizativa de fragmentos que conforman un todo en proceso de construcción y que a su vez “presentiza”, de forma inimaginable hasta la fecha, los contenidos audiovisuales. Además, YouTube apela a la participación directa, a formar parte de la congregación paradisíaca a través de una contaste proclama: forma tu también parte de este universo atemporal y trascendente. El logotipo da cuenta de esto: YouTube. Broadcast yourself (Tu tubo –en referencia a la TV- . Transmite tú mismo). De forma incansable quiere hacer partícipe a todos y cada uno de nosotros para que contribuyamos en el proceso de construcción, pero sobretodo, y más importante, apelando al mito más antiguo: la búsqueda de la inmortalidad. Colgar algo en YouTube es existir en su universo y YouTube , en este sentido, es signo de existencia5 –una existencia, nos dirán, acorde con los tiempos-. El cuerpo se irá pero siempre queda algo tuyo, ya no es el alma sino imágenes y sonidos. Una llamada sectaria realizada mediante un locuaz juego de palabras acercándose a la fonología inglesa: “YOU TUBE!!! TÚ TAMBIÉN”.

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ANOTACIONES

1 Es preciso aclarar que YouTube establece limitaciones un tanto extrañas. El contenido pornográfico está vetado mientras que, sorprendentemente, episodios de violencia gratuita están al alcance de cualquiera. Por otro lado, y cada vez con más frecuencia, la página web se enfrenta a problemas de tipo legal. Recuérdese recientemente el litigio de Tele5 contra YouTube, donde el primero consiguió vetar al segundo la exhibición de imágenes sin previo consentimiento.

2 Dos ejemplos clave: primero, en la televisión clásica proliferan secciones que dedican su espacio a ofrecer contenidos de YouTube. Segundo, YouTube rescata fragmentos de televisión, bien previo acuerdo con una cadena televisiva o bien bajo el anonimato de un usuario.

3 La media de adhesión de discursos audiovisuales es de 60.000 al día.

4Véase González Requena, J. (1988): El discurso televisivo: espectáculo de la postmodernidad. Madrid, Cátedra.

5 Basta recordar la gran cantidad de momentos televisivos que quedan registrados en YouTube para la posteridad. El 11-S, por poner otro ejemplo, es una amenaza eterna, inmortal. Ya no ocurre en los libros, sino que vienen definidos por la huella de lo real, por la huella de la imagen en movimiento.

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