VER UNA PELÍCULA QUE SE TERMINA. BREVES NOTAS SOBRE
LA PÁGINA DE REPRODUCCIÓN DE VÍDEO DE YOUTUBE (youtube.com/watch), Jorge Oter

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BARRA DE TIEMPOS

Parece que, sobre todo, al ver un vídeo en YouTube lo que se tiene es una sensación de «estar terminando» de verlo, derivada de la posición dominante de la barra de tiempos. De hecho, YouTube resulta "universalmente" distinguido por esa barra: las ventanas de vídeo que han sido extraídas de esta web e incrustadas en cualquier otra se reconocen por la barra que identifica a la ventana de vídeo de YouTube (cumple la función de logo).

Esta barra muestra tiempos, en plural, pues ofrece tanto el tiempo transcurrido como el tiempo restante, siendo el reparto entre ambos proporcional. Como espectador, la situación en la barra no es acumulativa, o lo es doblemente: estrictamente se está en un punto (visualmente también un punto) conflictivo, como entre dos aguas, a la cabeza del flujo y en el último suspiro de la desaparición del vídeo. Por eso, ver un vídeo en YouTube es también hacerlo de forma negativa, es ver un vídeo que se acaba (siempre a la vista la referencia de su final); la duración de los mismos, generalmente bastante corta, apunta igualmente en este sentido. Desde el comienzo, la indicación del final está presente; lo que es más, el tiempo restante subraya el vídeo. La condición temporal concreta del audiovisual se imprime por eso con más fuerza: la sombra del final insiste en que sólo se asiste al instante "presente".

La problemática de tiempos de la reproducción en YouTube se amplía con la presencia de un tercer tiempo variable, que es el del vídeo disponible o ya descargado (almacenado). El tiempo transcurrido establece con éste un pliegue similar al que mantenía con el tiempo restante, sólo que el tiempo disponible posibilita una intervención sobre el desarrollo del vídeo. El tiempo restante no pasa de ser una referencia fija (muy) útil, pero vacía: de hecho, es el tiempo disponible el que le da cuerpo dentro de la barra, al ir completándolo como un termómetro.

Así, la inclinación del tiempo disponible es la de igualarse al tiempo restante, haciendo plenas las opciones de intervención sobre la lectura del vídeo, donde, al final, todo será susceptible de ser anticipado. Por eso surgen hipótesis de desarrollo de los vídeos, que se pueden comprobar y, si acaso, "corregir". La traba de lo disponible, como gran limitación en YouTube, estimula la exploración, la anticipación de lo que está por venir. A la inversa, el tiempo transcurrido se puede tomar como un tiempo para la revisión; sería, de alguna forma, una sugestión a reconocerle al vídeo un tiempo narrativo con loop (Eco) que de por sí no tendría, todo lo cual proviene de esa invitación a participar permanentemente expresada en la barra de tiempos. Toda esta manipulación del tiempo y la presencia fuerte del tiempo en negativo parecen cobrar especial interés en casos como, por ejemplo, los juegos deíficos de Cocteau o ciertos vídeos de Michel Gondry, donde el final es en realidad el principio y lo que queda es donde se debió empezar (versión casi científica de la impaciencia curiosa).

El testamento de Orfeo Videoclip de Cibo Matto Sugar Water
El testamento de Orfeo (Jean Cocteau, 1960) y videoclip de Cibo Matto Sugar Water (Michel Gondry, 1996)

Por último, la conciencia del final y de su solución anticipable adelanta la presencia del vídeo siguiente, de modo similar a como sucede en los videojuegos con su tiempo de recarga, que es el que queda para volver a jugar, es decir, para volver a empezar.

SOBRE EL COLOR

Mientras que la web es mayoritariamente blanca, el cuadro de reproducciones es negro. Se define, en tanto, por contraste con el resto de la superficie de la página, constituyéndose como un cuadro dentro de ella. Se trata, así, de un cuadro dentro de otro cuadro: acceder a un vídeo es cruzar un pasadizo, atender a una ventana dentro de otra ventana, de tal forma que la mediación de la web se pone en escena.

La disposición como pasadizo aporta una sensación de profundidad. Igualmente el color negro, como el de un pozo, agujero negro del que salen vídeos. Para ver YouTube hay que adentrarse en el pasadizo, correr ese riesgo ; jugarse el ojo tras la cerradura o deslizar la cabeza entre los barrotes. Allí rigen las normas de YouTube, que extrae nuevos vídeos del pozo.

Hay un cierto doble filo: mientras que la web es en sí inocente, entretenida, blanca, la ventana de reproducciones es oscura, según un dónde me estaré metiendo o qué de mí estaré descubriendo; enigmática. Pero, sin embargo, la posición es segura. Esa concesión al riesgo es ficticia: yo sé que tengo el control y por eso juego a perderlo. Estoy simuladamente al otro lado del pasadizo, pero sé que en realidad estoy de esta parte. Sólo puedo ganar. Tengo un acceso cómodo y seguro a la fealdad, la boca abierta (expresión que Jacques Aumont usa en algún lugar de su El rostro en el cine).

RECORRIDO YOUTUBE (YOUTUBE EN EJES)

El consumo del vídeo de YouTube es seriado; cada eslabón es independiente: no pertenecen a una serie (si la distinción es apropiada, el consumo no es, digamos, serial). La propia idiosincrasia de la página apunta hacia este uso en serie, en tanto se trata de una página para ver vídeos, en plural. Su uso presupuesto es el de verlos durante un lapso de tiempo relativamente prolongado; la duración de éstos –ahora también- y la oferta así lo prescriben. Y a ello se le ha de sumar el carácter permanente de la barra de tiempos, distintiva de la página: el vídeo de YouTube se ve tanto como se termina de ver. Así, la visión de un vídeo reclama, mientras tiene lugar, la idea de «lo siguiente».

Ya de partida, en la página de reproducción, YouTube propone en una lista situada a la derecha un cierto número de vídeos que podrían suceder al que se está viendo ("Más de", "Vídeos relacionados") . La idea de «vídeo siguiente» es tan temprana como la de «vídeo que se termina».

Los vídeos de la lista están ordenados según un cierto criterio de coherencia. La página propone un recorrido "razonado", basado en determinadas conexiones entre los vídeos. Es decir que YouTube favorece (la continuación de) la serie tratando de ofrecer lo más parecido o familiar, etc. a lo que ya se ha visto, algo que también vaya a gustar. En este recorrido libre, distinto de la serie predefinida, la página, en confianza, le refresca al usuario sus propios gustos, de forma que, paradójicamente, da pie a hacer un recorrido personal. Pero hay también un puñado de "Vídeos promocionados", posibilidades "universales" para la continuación. Una vez seleccionado un nuevo vídeo, la lista lateral se recompone según las características de éste: no se pierde la cara a la serie.

Cuando el vídeo se ve al completo, en el mismo cuadro de reproducción aparecen propuestas de nuevos vídeos (son, de hecho, las propuestas de la derecha). Ahora son más "visibles", aunque sólo sea porque ya están en el cuadro –no hay que buscar; salen al encuentro. Y lo que es más: surgen del cuadro, vienen de él; no se las haría ver, sino que se las desplegaría en su propio hábitat.

La serie de YouTube es, a diferencia de otras, infinita. Su final último no está en su oferta; no hay una "barra de tiempos superior" con un "tiempo restante superior". El final de la serie lo decide el espectador, como en las novelas juveniles de "escoge tu aventura".

Nada impide ignorar todas estas propuestas y buscar un nuevo vídeo, a partir de lo cual el abanico se desplegaría de nuevo. De alguna forma, se podría tratar de nuevo de ganar tiempo, de anticipar, en un sentido precisamente muy de los tiempos que corren.

EL ESPECTADOR DE YOUTUBE

El espectador tipo de YouTube sería, en principio, un consumidor serial de vídeos según las posibilidades que ofrece la página. Hay espectadores que acceden a YouTube para ver vídeos de forma ocasional. Éstos no hacen un uso de la web como ésta lo propone; no entran propiamente al juego de YouTube sino que satisfacen un deseo o necesidad puntual. Igualmente, hay espectadores que llegan a YouTube desde otra página con un objetivo concreto. No se trata tanto de espectadores de YouTube como de la página desde la que son enviados. Los hay también que reproducen un vídeo de YouTube desde la web en la que se encuentran. No son tampoco espectadores de YouTube (o lo son en un teórico segundo grado), aunque la propia web se encarga de hacerse reconocible en esa otra web que la hospeda. Es una especie de uso encubierto, succión de YouTube por parte de otra web. Y un paso más allá habría otra especie de espectador también en segundo grado (si de por sí la plataforma no mediatiza ya la relación, añadiendo otro peldaño) que vería vídeos de YouTube de forma asidua pero sin hacerlo desde la propia web, sino desde otra u otras. Se trataría de un espectador receptivo a las recomendaciones de otros y plegado a las modas de lo actual según sus círculos predilectos.

Y sin embargo, todos éstos podrían todavía ser distinguidos como espectadores de un tipo de vídeo impuesto por YouTube (duración, calidad, etc.). Tal es su influencia, que conduce a la aceptación de un modelo de audiovisual.

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